Un verde amansador y suave como nunca veré con mis ojos terrenales.
Allí me vi inmóvil, paralizado, sin saber a donde ir. Las descomunales fuerzas q sostenían aquel incalculable lugar corrompían la fibra de mis músculos.
Allí fui procreado en un instante fugaz, para apreciar humildemente toda mi existencia. Fui parte del fin y el origen del todo en un mismo momento.
Al fin, en un suave reflejo de inagotable bondad, la misericordia, y una apacible mansedumbre que no podía soportar, reconocí una palabra en un idioma que no podré repetir ni olvidar. Ella era inagotable dentro de este lugar, imposible expresarla con la simple completitud, ya que fue rebosante pero reencendida en su misma flama.
La huella que dejó ese Amor aquella noche, sigue cicatrizada como una marca de pertenencia eterna que portaré orgulloso hasta el filo de la eternidad.

